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Antemorfosis

Lo único que permanece constante es el cambio, el cambio en todo y para todos, un cambio subyacente y subjetivo a las formas del que no hay manera de escapar. Tomemos una mariposa. La especie de mariposa más longeva vive nueve meses, la más efímera una semana, e incluso ella transcurre sus despertares y sus finales de día de forma diferente, siente las grietas en sus alas al llegar el fin, y el próximo lunes que nunca será. Pero tomemos una mariposa de nueve meses. En nueve meses entran tres estaciones diferentes. En nueve meses se gesta y nace un bebé humano. Nueve meses se estudia, y tres no. En nueve meses se vive y se muere. Veamos como la mariposa se desvive en esas tres estaciones, jamás llegará a ver una cuarta, no sabe que existe una cuarta. Nacerá en verano, con la visión de lo pleno, del calor cumbre que la impulsa a volar más, mayores distancias, mayor rapidez, para refrescarse y a la vez empaparse con la veracidad de lo vivo. Se amparará en la sombra de las flores a las que...

Ciclo

Salud Por vos Que volviste otra vez, A la carga, Con todas mis desgracias. Y que sea eterno, Y que queme, Queme al bajar, Por este sol tan brillante Que no podía hacer otra cosa Más que arder. Salud Por lo que nunca fue visto,  No se dejaba ver, Que no quisiste ver tampoco, Y se que mañana Voy a volver a morir Con el mismo pensamiento.

De Cómo mi Papá Regaba las Plantas con Café

      Contrariamente a lo que se puede pensar, regar las plantas con café es un proceso largo; dista mucho de echarles agua, y el efecto tampoco es el mismo. Es, sin embargo, mucho más satisfactorio.      Empezaba yo. Me despertaba temprano, o temprano para lo que era el orden matutino de mi casa. Me permitía un rato dando vueltas en la cama, averiguando si valía la pena levantarse, o si mejor no, si mejor unos minutos más. Mientras, los dedos me recorrían la piel mecánicamente, porque a la mañana siempre estoy más fresca, y me gusto mucho más. Y sí, me levantaba, porque no quería perder mi momento favorito del día, cuando todo estaba en silencio y podía ir a las anchas sobre mis oportunidades. Recorría callada la distancia hasta la cocina para no despertar a nadie, no por consideración de su sueño, sino para alargar mi paz. Una vez ahí, daba comienzo a un ritual tan propio como mis palabras, y me preparaba un café. Soy de esas personas que tardan m...

Primera y Última Carta de Amor

Vas a recordar la primera vez que lo viste Cuando lo viste sin ver, porque estabas apurada. Hasta que paraste, porque habías llegado, y lo miraste, Lo miraste de verdad, y era todo verde, Su verde que se derramaba más allá de vos. Y supiste que a partir de ahí todo iba a ser de ese color. Te vas a acordar Cuando hablaban, sólo hablaban, Cuando se dieron la mano Y entre sus cuerpos, entre sus palmas Estaba condensado el Universo. Cuando fueron dejando huella en cada lugar nuevo que visitaban, Y a partir de ahí cada vez que pasabas veías sus sombras, verdes. Qué peligroso es Apropiarse de lugares Que pueden no volver. Y te vas a acordar de la primera vez que lloraste por él, Te vas a acordar, porque las lágrimas que deberían ser azules (siempre las dibujaste azules) Van a estar teñidas de su color. Y mientras llores, Mientras te sacuda la asimetría, Recorda también La primera vez que se reencontraron. Y por todas las primeras veces Va a haber una última. Cuan...

Ruidos A Medianoche

Siempre viví rodeada de ruidos. Al crecer en la casa familiar, el incesante caminar de mi perro por las noches sobre el suelo de madera me aseguraba que la idiosincrasia nocturna permanecía imperturbable; por el contrario, era el cese de su cuadrúpedo andar al que debía estar atenta Cuando mis padres se separaron y mi tiempo se vio dividido entre la incómoda rutina de cambiar de residencia semanalmente, encontré que me tranquilizaba el zumbido del ascensor, cuando sus poleas lo hacían subir y bajar de forma impredecible a la madrugada. Había para mi cierto confort arrullador en la actividad de escuchar, y en los frutos que tal actividad me daba. La idea del vacío, de ausencia de sonido, me provocaba una sensación hueca, de abismal caída. Debido a todo esto, lo primero que hice cuando me mudé sola a un estudio un tanto apartado, fue comprarme un perro. Era el arquetipo canino: raza indefinida, pelaje de tonalidades marrones, altura de mesa ratona y ojos que solo servían para trasmitir ...

A Primera Hora

De un sueño sin sueños, así me desperté. Abrí los ojos y me reconocí, me sentí en mí, a mí y a mi cuerpo. Y de repente estaba cansada de vuelta. Había llorado la noche anterior, ya no me acordaba por qué, si lo mismo de siempre o algo nuevo, pero al despertar mis ojos se encontraban hinchados, y mi piel tenía la suavidad lijada que dejan las lágrimas. Solían gustarme las mañanas, cuando el día todavía no había comenzado, aún no había pasado nada que activase la rueda de hámster diaria en la que se había convertido la vida, y las veinticuatro horas se extendían impolutas y llenas de posibilidades. Ahora, en cambio, parecía el inicio de una sentencia de muerte. Ya sabía que el final era malo. Soy, por regla general, una persona bastante triste. Di vueltas en la cama, no queriendo levantarme; quizás podía volver a dormir, extender un poco mi momento de inconsciencia permitido. Pero esa molestia permanente que me tiraba afuera y abajo, ese piqueteo constante dentro de mí que no me p...

EDÉN

Me enseñaste Que todo está prohibido Porque todo tienta, Voz reptante. Y estos ojos vacíos  Y este dolor en llamas Y esta envenenada condena No eran tu Caos. Me abriste Cuando me hablaste las palabras malditas En un jardín donde las flores Nacen de muertos. Los cantos ya no alcanzan. Y por Dios Que en este Limbo Te libero.